3.6 Anthony Flew y la filosofía analítica

Contenido

Parte del curso de Filosofía de la religión.

1. El desafío de Anthony Flew

Anthony Flew (1923-2010) fue un destacado filósofo británico y uno de los principales representantes del ateísmo filosófico en la segunda mitad del siglo XX. Fue uno de los mayores especialistas en Hume y se centró en el debate sobre teísmo y ateísmo. Su «desafío» central sostiene que una afirmación teológica o religiosa solo puede considerarse una afirmación genuina si quien la profiere es capaz de especificar hechos posibles que sean incompatibles con ella. De lo contrario, la afirmación carece de significado real.

Flew ilustra esto con la «parábola del jardinero», donde un creyente insiste en la existencia de un jardinero invisible e intangible a pesar de la falta de evidencia, hasta el punto en que su afirmación se vuelve indistinguible de afirmar que no hay jardinero en absoluto. La clave está en si el creyente admite o no la posibilidad de que haya pruebas en contra de su afirmación. Si no lo hace, entonces no está realmente diciendo nada significativo según el principio de falsabilidad de Popper.

Flew argumenta que si los creyentes no aceptan que sus afirmaciones puedan ser falsadas, las convierten en pseudoproposiciones vacías (vacous formulae). Más tarde, Flew propuso la «presunción del ateísmo estratoniciano», según la cual los principios fundamentales del universo deben presumirse como últimos a menos que los teístas puedan ofrecer un concepto coherente de Dios y razones suficientes para creer en su existencia. Sin embargo, algunos creyentes pueden objetar que sus creencias tienen un valor regulativo en sus vidas más allá de ser proposiciones cosmológicas falsables.

2. Las parábolas de Oxford

En los años 50, en el «Club Socrático» de Oxford, tuvo lugar un debate influyente para la filosofía de la religión contemporánea, centrado en aplicar el análisis filosófico a cuestiones teológico-religiosas. Las principales razones para analizar el lenguaje religioso son la falta de claridad en expresiones sobre Dios y la justificación de formas de vida basadas en declaraciones teológicas. Por ello, la filosofía de la religión busca esclarecer ambigüedades que dificultan comprender el significado y las razones para aceptar o rechazar declaraciones religiosas.

El contexto filosófico de este debate estaba marcado por el desarrollo del análisis filosófico previo a las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein en 1953, teniendo como referencias principales el Tractatus y las aportaciones de los positivistas lógicos del Círculo de Viena. La discusión entre A. Flew, R. M. Hare y B. Mitchell trasciende el esclarecimiento del lenguaje religioso, manifestando aspectos como el peso de las creencias religiosas en la concepción del mundo y su compatibilidad con ciertas actitudes filosóficas.

2.1 Richard Mervyn Hare (1919-2002) y la parábola del lunático

Hare concede que Flew tiene razón al afirmar que las creencias religiosas son diferentes a las aserciones verdaderas o falsas. Introduce el concepto de «blik», una interpretación inverificable e infalsable de la experiencia. A través de la parábola del lunático, Hare argumenta que el lunático siempre creerá que los profesores quieren asesinarle; aunque se muestren amables. Hay bliks sano e insanos. Sin embargo, surge la dificultad de diferenciar un blik sano de uno insano sin recurrir a la experiencia. Hare ofrece ejemplos de bliks correctos, pero Flew señala dos objeciones: si las creencias religiosas son bliks inverificables, no se puede hablar de bliks correctos o incorrectos, y si las actitudes religiosas no son afirmaciones, resultarían ser un engaño o un juego de palabras. Hare evita enfrentarse a la pregunta crucial de qué constituiría una prueba en contra del amor o la existencia de Dios.

2.2 Basil Mitchell (1917-2011) y la parábola del extranjero

Basil Mitchell responde al desafío de Anthony Flew sobre la falsabilidad de las creencias religiosas con la parábola del extranjero. En ella, un partisano mantiene su fe en un extranjero a pesar de evidencias contradictorias, al igual que el hombre religioso sostiene su creencia en el amor de Dios pese al problema del dolor. Mitchell argumenta que las creencias religiosas, como la confianza del partisano, tienen un carácter fáctico pero no pueden ser falsadas de manera concluyente. A diferencia del «lunático» de la parábola de Hare, el partisano y el creyente admiten hechos en contra de su creencia, pero no los consideran definitivos.

Sin embargo, la distinción de Mitchell entre hechos contrarios y hechos definitivamente contrarios a una creencia ha sido criticada como una «ilusión verbal». Además, Flew objeta que si se equipara al extranjero con Dios, resulta difícil conciliar su omnipotencia, omnisciencia y bondad con la existencia del mal y la imperfección en el universo.

2.3 John Hick (1922-2012)

John Hick no entra a valorar las razones del creyente y del agnóstico. Simplemente constata que la situación inicial, el marco empírico inmediato, es el mismo para los dos; dando cada uno uno interpretación diferente. Hick presenta una parábola que ilustra la ambigüedad constitutiva de la condición humana en relación con lo religioso. En ella, dos hombres caminan juntos por una carretera, uno creyendo que conduce a la Ciudad Celestial y el otro que no lleva a ninguna parte. Los dos sufren y gozan, pero interpretándolo de manera distinta. Esto destaca el carácter opcional de las posturas religiosas que van más allá de lo empírico, aunque lo empírico mantiene un privilegio de indubitabilidad.

Las respuestas al «desafío de Flew» generaron una distinción entre quienes se sitúan en un terreno diferente al de la falsabilidad (el «ala derecha» de Oxford; Hare) y aquellos que eligen enfrentarse a Flew en su propio terreno (el «ala izquierda»; Mitchell, Hick). Sin embargo, todos reconocen la importancia de aplicar el examen filosófico al lenguaje religioso. Aunque pocos aceptan hoy el positivismo, se debe exigir al creyente la máxima claridad en sus expresiones y en la relación entre sus creencias y su forma de vida. Aunque no se puede garantizar la comprensión total de la actitud religiosa, el creyente debe poder mostrar los motivos para respetarle a pesar del escepticismo.

3. El «cambio de bando» de Flew: del ateísmo militante al deísmo

Anthony Flew anunció en 2004 que había cambiado de opinión y ahora creía en la existencia de Dios basándose en evidencia científica. Este anuncio generó un gran revuelo mediático. Flew aclara que su «conversión» no se debe a su edad avanzada o miedo a la muerte, sino que acepta un Dios deísta: un creador que no interviene en el mundo; y no cree en la vida después de la muerte. Rechaza estar haciendo una «apuesta pascaliana». Varios científicos importantes como Einstein, Hawking, Heisenberg y Planck también han defendido posturas deístas, creyendo en una «mente divina» o «inteligencia infinita» detrás de las leyes de la naturaleza.

Flew explica que ahora cree en Dios porque la ciencia moderna apunta a una Inteligencia detrás de las leyes de la naturaleza, la existencia de vida organizada, y la existencia misma del universo. También ha reconsiderado los argumentos filosóficos clásicos. Este cambio de Flew tiene implicaciones para el diálogo entre ciencia y religión. La teología natural en diálogo con la ciencia y la filosofía puede provocar la pregunta sobre el sentido religioso y la posibilidad de Dios. Pero el paso a la fe en un Dios personal requiere un salto de fe.